Que
Beethoven era un auténtico superviviente lo atestiguan los trabajos de sus
últimos años. En vez de hundirse ante los sinsabores personales y familiares,
arrostrándolos empero con tenacidad, se reinventó mediante creaciones que, a
los ojos de muchos de sus coetáneos, fueron tenidas por los frutos abstrusos de
la sordera, cuando no de la desesperación de un hombre desahuciado. Pero
Beethoven necesitaba tomar distancia y se alejó de los hombres con el fin de acercarse
a lo verdaderamente humano, de expresar, en la misma línea de Schopenhauer,
valores abstractos y atemporales.
En
este contexto se sitúan las Sonatas op. 109, 110 y 111, recientemente interpretadas
por Elizabeth Leonskaja en Madrid, tres sonatas que, a diferencia de otras (Patética, Pastoral, Waldstein, Claro de luna, etc.), no se conocen por ningún sobrenombre. Datan de…
Comentarios