El encantador
Théâtre du Jeu de Paume suele acoger las propuestas de menor formato del
Festival d’Aix-en-Provence que no tendrían cabida en recintos mayores. En este
caso, es el director de escena Barrie Kosky el que articula la propuesta
(empiezo a odiar esa palabra, por cierto). Cuenta Kosky que, ante la
imposibilidad por problemas de agenda de embarcarse en ninguna gran producción
para el festival en unos cuantos años, su director, Pierre Audi, le propuso
hacer algo de formato reducido, y él aceptó de inmediato.
Su primera idea
fueron las Ocho canciones para un rey
loco, de Peter Maxwell Davis, que había visto en Australia en su juventud y
le había impactado. La obra era ideal para el Jeu de Paume: un cantante y un
reducido grupo instrumental. Les faltaba una obra para la segunda parte del
programa, y pronto él y Audi coincidieron en…
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