¡Pobre Butterfly!,
suspira Suzuki cuando atisba la tragedia que destruirá a su señora. Y debo
decir que ayer, durante la representación de Madama Butterfly en el Théâtre de
l'Archevêché yo también suspiré lo mismo en demasiadas ocasiones. La tragedia
de Cio-Cio-San no es una ópera para hacer a medio gas, y por desgracia hubo
bastantes cosas a medio gas en la función.
Empecemos por los
aspectos positivos: la producción de Andrea Breth con la escenografía de
Raimund Orfeo Voigt era visualmente hermosa. En medio del escenario estaba
construida la casita en la que se desarrolla el drama, muy al estilo japonés,
como un pequeño pabellón de té en un jardín. La estructura de la casa estaba
rodeada por una especie de pasillo por el que los personajes y los figurantes
entraban y salían, y que contaba con una cinta transportadora que se movía…
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