Apenas cuarenta y ocho horas después del concierto
inaugural de la septuagésimo tercera edición del Festival Internacional de
Santander, protagonizado por la soprano Aida Garifullina, asistimos a otra
velada con mayor peso vocal de partida habida cuenta de que se anunciaba con
formato de gala lírica (“´Gala Puccini” para ser más exactos) y que a la postre
se reveló como una incandescente noche de arrollador poderío vocal, de esas que
dejan huella entre los asistentes y de las que se recuerdan durante muchos años.
De partida, la dirección musical de un especialista en el
repertorio italiano como Riccardo Frizza aseguraba el idiomatismo de cada
lectura así como un impecable acompañamiento a las voces. Pero es que aquí
logró el milagro de elevar a una Sinfónica de Bilbao a la altura de las
circunstancias, espoleando y extrayendo lo mejor de…
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