El camino que transcurre entre el aparcamiento de Chillida Leku y el interior del caserío en el que tuvo lugar este programa es espacioso, bello e intenso. El diálogo entre el caserío Zabalaga y su entorno inmediato de bosques y campas diáfanas, propone un diálogo libre -y voluntario- con la naturaleza de la materia y el aire; cada una de las piezas dispuestas en el exterior es a su vez una propuesta completa y autónoma, pero relacionada con el entorno de tal manera que su poder se hace plenamente autónomo y se exponencia; y luego está el interior del caserío, en el que tuvo lugar el concierto, un espacio sereno y contemplativo, y al mismo tiempo una gran pizarra sobre la que esbozar los propios pensamientos.
Si superponemos a este espacio la música de Shostakovich estaremos ante una experiencia de una profundidad casi inquietante y algo…
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