La Ópera de París retoma esta producción,
presentada y retransmitida en tiempos pandémicos sin público en la sala, y
vuelta a retomar esta vez con público real hace un par de años. Y hace bien, no
sólo porque la puesta en escena de Kratzer es notable (incluso con todos los
defectos de los que en su día nos hicimos eco) sino sobre todo porque toda
ocasión de retomar una obra maestra como el Faust es buena.
Cada acorde, cada coda, cada acompañamiento es
pura delicia, puro asombro, por la cantidad de invención, por esa osadía
armónica de Gounod que hace aparecer a las obras cotemporáneas de las escuelas
francesa o italiana como puro chimpún-chimpún. Era menester volver a presentar Faust
de Gounod como la obra maestra que es, más sombría que colorista, más homogénea
que la pura sucesión de números famosos, con mucho más carbón que azúcar,…
Comentarios