La complicidad y mutuo
entendimiento que demuestran Vasily Petrenko y la OSCyL en cada uno de sus
conciertos es un fenómeno que esta orquesta no ha repetido, ni por asomo, con
ningún otro director, aunque haya habido casos de recurrentes (Eliahu Inbal)
donde el público sabía que no iba a salir decepcionado. En este caso, además,
la Sinfonía n.º 4 de Anton Bruckner se había interpretado recientemente
en varias ocasiones (Festival de Granada, por ejemplo), y después de tanta
práctica el resultado fue poco menos que perfecto.
Petrenko se salió bastante de ese
Bruckner contemplativo, monumental y bello que tanto se ha escuchado (y
escucha), y se acercó más al urgente y dramático de los maestros rusos (esta Cuarta
parece tener afinidades estilísticas con la registrada por Rozhdéstvenski en
1981, una de mis grabaciones favoritas del director de…
Comentarios