Empezamos con el Concierto nº 21 de Mozart. Se escucha ya en la larga introducción a cargo de la ONF dirigida por Poga lo que convenimos en llamar «espíritu mozartiano» hecho de sabia ligereza, una bocanada de aire fresco. Y cuando entra el piano a cargo de David Fray, continúa tal espíritu. Espíritu que también se refleja en una cierta contención, un cierto pudor al llegar al famoso segundo movimiento. Fray tiene el buen gusto de no almibararlo en demasía. Sus arpegios y florituras puede que no sean de una perfección absoluta, pero están siempre bien resueltos y cantados con soltura. Y sobre todo, a lo largo del concierto, hay un auténtico diálogo entre piano y orquesta, entre solistas y pianista que se solapan por momentos. Sencillez y plenitud.
Fray nos regala una propina: un J. S. Bach un punto ceremonioso, puede que un punto insulso.…
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