Venga,
uno de esos programas que llenan la sala. Y vamos a llamarlo «Concierto de
Navidad» : dos suites de ballets archifamosos y un Rachmaninov un pelín
más infrecuente. Y en efecto, la sala está llena. Bastantes jóvenes y niños. La
pareja sentada juste delante de mí, de mediana edad, se toman la mano en
distintos momentos, emocionados sin duda de escuchar en directo melodías que
siempre les han gustado. Ya sólo por eso vale la pena haber organizado este
concierto. Es bonito de ver.
Llega
la directora, originaria de Hong-Kong, en un vestido negro con hechuras mil
novecientos, un poco de ama de llaves de novela decimonónica. Su vestido es lo
de menos, sólo una anécdota visual. Lo importante es la energía que despliega
al dirigir. Ataca la «Danza de los caballeros» de la suite de Romeo y
Julieta con mucho vigor, su ritmo es implacable, no…
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