Una vez más se ha repuesto, con entradas prácticamente agotadas para todas las funciones, el casi clásico espectáculo de McVicar con beneplácito de todos. Volveré a repetirme, pero diciendo que esta vez los ‘detalles’ que no me habían convencido me han importado menos que los logros, de modo que los reduzco a mínimos…:
“McVicar hizo una puesta en escena clásica, elegante,
bien resuelta en los coros (tal vez demasiados gritos de alegría en el primer
acto y un innecesario reclamo de prostituta a cliente que no paga en el cuadro
de Flora): que las ‘zingarelle’ bailen can can está bien (lástima que el efecto
sea menor porque ya lo ha usado en el primer acto) y reducir a lo esencial (con
un torero amanerado) el coro de ‘matadores’ muy eficaz. Al empezar el preludio
del acto primero un Alfredo de negro recoge una flor mientras un telón…
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