Hay conciertos en los que los intérpretes anunciados son una garantía de que no habrá decepciones ni sopresas desagradables. En un mundo vertiginosamente cambiante y sobresaltado tal seguridad es algo así como un oasis para el espíritu. No es otro el caso de este concierto, en el que se encontraron Iván Fischer y la Orquesta de la Radio de Baviera, lo permite al público tener la certeza de que asistirá a una función digna de ser recordada, y en el que intervino un solista de la talla de Kirill Gerstein.
El concierto comenzó con la Leyenda Op. 59 de Dvorak, una miniatura sinfónica en la que director y orquesta tejieron un fluido y terso tapiz de melodías que ofrecieron a las cuerdas muchas y siempre bien aprovechadas ocasiones de lucimiento.
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