A primera vista Sokolov no es un pianista mediático. Parece viejo -aunque no lo sea tanto- y anticuado, no sonríe ni parece ser consciente del público que le rodea y venera, no quiere parecer atractivo ni ser una estrella mediática. Él sólo ofrece música y sus oyentes vamos una y otra vez a escucharlo, y siempre ansiamos más.
Porque música, en abstracto, es lo único que ofrece. Aunque es fácil deducir qué va a tocar -mantiene prácticamente el mismo programa en toda la gira- no suele anunciar el programa con mucha antelación, casi siempre lo da a conocer cuando las entradas para el concierto ya están agotadas. Y el programa suele tener una coherencia interna, pero no tanto externa. En esta ocasión Byrd y Brahms, separados en el tiempo pero sobre todo en el modo de tocar, una combinación a primera vista algo extraña.
Comentarios