Se estrenó finalmente en lugar público esta importante composición del barroco de un músico catalán, Domènec Terradellas, que terminó sus estudios y llevó a cabo su carrera en Italia, en Nápoles y Roma en particular, donde el éxito de este título le valió el cargo de maestro de capilla de la iglesia de San Giacomo degli Spagnuoli. Y que no vivió mucho (38 años), sea porque se suicidó, alguien lo acuchilló por orden del envidioso Jomelli, o simplemente falleció. La obra se había visto en Barcelona en un recinto privado en 1955 en una revisión realizada por Robert Gerhard.
Pero no se trata de una ‘concesión nacional’ (al día siguiente se presentaba en Madrid), sino de una de esas gemas aún ocultas, bien difíciles aunque no presenten nada estrictamente nuevo, y hay que congratularse con director y orquesta por haberla propuesto y con los…
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