Muchos (espero) habrán reconocido la frase pérfida de
Yago que desencadena definitivamente la tragedia de Otello en la ópera de Verdi. Y es bastante o muy raro. Pero si este
concierto mereciera ser salvado sólo por un momento (a veces pasa, este no es
por fortuna el caso) sería por tan pequeña, insidiosa frase. Nunca antes la
había escuchado de este modo, y no sé si volverá a ocurrir.
Que con un delicado
fraseo a media voz y recurriendo al ‘piano’ Ludovic Tézier haya conseguido
producir un escalofrío ante la presencia del Mal con rostro humano (ese que
vemos tantas veces cada día, correspondientemente banalizado) no es sólo
producto de trabajo, tesón, seriedad, sino de profunda comprensión de las
intenciones de Verdi y Boito, ese pequeño ‘algo’ especial que denota al gran
artista.
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