Si en otras obras para violín y piano el pianista es principalmente un acompañante, en la Sonata para violín y piano en la mayor (1886) de Cesar Franck no ocurre esto. Franck era un gran pianista -y por lo visto tenía unas manos muy grandes- por lo que la parte de piano es sumamente exigente, tanto como la de violín, y ambos intérpretes tienen las mismas posibilidades de lucimiento. Pero la dificultad no fue ningún problema en este concierto, celebrado a las 4 de la tarde en una iglesia que aún no conocía, la iglesia de Nuestra Señora de la Estrella, cuya acústica me gustó menos que la de la Iglesia de Santiago: con ser un espacio más abierto había más reverberación.
La violinista Clara-Jumi Kang (Mannheim, Alemania, 1987) lleva muchos años tocando esta Sonata para violín y piano de Franck, que fue uno de sus 'caballos de batalla' en su…
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