Llegar a 88 lozanos años con fuerzas y energía para
componer una primera ópera (encargo del Liceu) y dirigirla en dos funciones muy
próximas, con una frecuencia superior a la normal para este tipo de ocasiones, es un mérito indudable. Y Ros Marbà se merece el cariño y el respeto que se
notaban en los aplausos ante su presencia en el podio y al final en el
escenario.
Musicalmente es una obra bien compuesta, que denota la
larga frecuentación del Maestro con el repertorio sinfónico, y su duración
(bastante prudente) está distribuida algo irregularmente con un primer acto que
tiende a parecer largo y un segundo que se antoja un poco corto. El libreto, en
el original inglés del autor, es bueno, pero, creo yo, hoy en día la figura de
Walter Benjamin no es tan conocida como para suponer que (con o sin la ayuda
del programa o de la exigua hoja…
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