No es esta ópera de las más repuestas, incluso está fuera
de las que han llegado a formar parte del mainstream, por lo que cada
ocasión es motivo de interés. Anteriormente sólo he visto una estupenda versión
en Roma (donde destacaban Rockwell Blake y Chris Merritt en los papeles
destinados en origen a Giovanni David y el baritenor Andrea Nozzari) y una muy
buena aquí mismo en 2009 (lo mismo, con Flórez y Kunde), pero con una dirección
escénica decepcionante. Ha vuelto en cierta forma a ocurrir lo mismo, por lo
que habrá que concluir que es obra difícil de poner en escena.
Esta vez debutaban Bieito y su equipo habitual, y si los
resultados fueron menos funestos que en el Maometto
que despertó las furias del público napolitano, tampoco aquí la recepción
final fue buena: frente a aplausos y algún bravo minoritarios se impuso la
tempestad de…
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