“Esta ópera no requiere un
cuadro escénico ilustrativo sino un espacio capaz de recrear conflictos
internos y externos”. Con esta reflexión el regisseur
Ulrich Rasche define su producción de Maria
Stuarda como una radical alternativa a puestas tradicionalmente realistas,
por ejemplo la presentada en el teatro Real de Madrid por David McVicar.
En Salzburgo, Rascha alineó
su propuesta de acuerdo con la rigurosa estética del Muziktheater (Teatro musical), un concepto popularizado en Alemania
en la última mitad del siglo pasado que evita manierismos del Rampentheater o “teatro de rampa”, ridiculizado
como la actuación de cantantes que miran al público y al director de orquesta
desde el proscenio moviéndose con gestos grandilocuentes.
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