El título de la reseña ya da la idea de la valoración.
Porque si hay una obra delirante, alocada en grado máximo entre las bufas de
Rossini no sé cuál tendría más derecho que esta. Y en la misma medida, aunque
acepte lecturas más ‘ortodoxas’, requiere una fuerte carga de energía y si se
quiere de ‘shock’.
El público que colmaba la sala pareció entenderlo así
riendo de buena gana durante la velada y premiando con sonoras ovaciones al
equipo responsable de la nueva producción, capitaneado por Rosetta Cucchi. No
siempre me han parecido excelentes sus concepciones, pero no se puede dudar de
que aquí también hay una persona que desde el acompañamiento en recitales (así
la conocí en Bruselas) conoce bien a fondo el oficio y el mundo.
Comentarios