El programa Pärt, Dvořák y Sibelius pasó de la austeridad contemporánea al lirismo bohemio para culminar en una Segunda Sinfonía de Sibelius que brilló por su belleza sonora y su equilibrio entre control y expresividad.
La Gewandhaus es desde luego una orquesta fabulosa, con un prestigio tan legendario como merecido. Sus imponentes cuerdas, compactas y aterciopeladas, dibujan un sonido de tersura casi fractal, de una nobleza casi irreal, como surgida de otro tiempo; las maderas aportan una claridad cristalina; los metales se escuchan con densidad y brillo, todo ello sin perder nunca un equilibrio majestuoso. Bajo la batuta de Nelsons, cada sección desplegó su riqueza individual y, al mismo tiempo, se integró en un tejido sonoro de extraordinaria cohesión en el que se hacían patentes dos rasgos: el primero, que se trata de una orquesta con…
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