Antonín Dvořák era un políglota que -al contrario que Mahler, por ejemplo- nunca tuvo el menor trauma linguístico: en su infancia recibió una educación en checo, en la adolescencia pasó a recibirla en alemán, sus intereses políticos y científicos le proporcionaron un alto dominio del inglés y cierta soltura en varias lenguas más. Era una persona afable, educada y enormemente curiosa, un pragmático muy atento a la política, la economía y las cuestiones sociales, miraba con simpatía las primeras ideas socialistas.
Como consecuencia de este perfil, aborrecía frontalmente los nacionalismos, representados por una aristocracia checa y morava que aspiraba a la independencia del Imperio Austro-Húngaro. Dvořák, al igual que sus patronos y mecenas, de la alta burguesía, deseaba una alta dosis de autogobierno pero siempre bajo el paraguas del…
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