El segundo de los cuatro conciertos sinfónicos que conformaban esa suerte de recta final con la cual el Festival Internacional de Santander ha concluido su setenta y cuatro edición, vino de la mano de la Orquesta Francesa de Jóvenes, auspiciada por el Ministerio de Cultura del país vecino, con un programa contundente y popular. Siempre resulta una experiencia interesante el hecho de asistir a un concierto de una orquesta escuela de este tipo ya que el entusiasmo y la entrega de sus componentes, que ocupan sus puestos tras un árduo proceso de selección, suele ofrecer resultados casi siempre sorprendentes y no pocas veces similares, si no superiores, en relación a formaciones sinfónicas consolidades. Ciertamente en estos casos solemos encontrarnos, y esta ocasión no fue una excepción ni mucho menos, con un delicado equilibrio entre el…
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