En uno de esos comentarios reales
tan obvios como tontos, Vittorio Emanuele II saludó al Teatro Massimo (a él
dedicado en su inauguración en 1897) como demasiado
grande para una ciudad de las dimensiones de Palermo. Corrijámoslo diciendo que
es el más grande de toda Italia, por
sus dimensiones comparables al San Carlo de Napoli, el Liceu de Barcelona o el
Colón de Buenos Aires. Y con un novedoso sistema de ventilación: a través de
los maravillosos paneles con frescos neo renacentistas que rodean la lucerna
del cielo raso, se cuela el aire para ventilar una sala de cinco pisos con
capacidad para 1247 espectadores.
A esta monumental sala
histórica la vi por primera vez durmiendo su larguísimo cierre (1974 a 1995)
durante mi primera visita a Palermo. Pero en la segunda hace unos días me
recibió con una nueva producción del Barbero
rossiniano…
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