Ocurrió días después del banquete ofrecido por Carlos III en Windsor al presidente de los Estados Unidos de América, y de la conferencia de prensa en que este déspota redujo a un nada al primer ministro británico. Ocurrió en Londres, una metrópoli hostil a la visita del déspota, que la prensa coincidió en definir como humillante para los anfitriones. Y ocurrió en The Cockpit, un pequeño teatro alternativo al costado de un mercado de baratijas en la parte más humilde de mi barrio.
¿Por qué allí esta aglomeración de público, celebridades y periodistas importantes, nada menos que allí, a las ocho de la noche y con los puestos del mercado ya cerrados para unos fugaces cuarenta minutos operísticos sobre Melania Trump? ¡Pues porque así de vital y sensible es la relación entre el arte y la política en el multicultural mundo londinense! Un mundo…
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