Si
no me equivoco hace ocho años que no veía esta genial, sobrecogedora pero
divertida despedida del mundo de la ópera de uno de sus máximos cultores (no
digo el máximo porque está por ahí Mozart, que si no…). Sé muy bien que incluso
verdianos de mucho más talla que yo siguen resistiéndose a esta nueva vuelta de
tuerca al propio estilo, y de hecho no es, ni con mucho, el título más amado
por el público en general y si forma parte del repertorio no puede competir no
sólo con otras obras del propio compositor sino con las de otros. Probablemente
haya una razón (no digo que esté bien), y es que las dosis homeopáticas no
parecen avenirse con el habitual ‘gran gesto’ de la lírica aunque esto último
sea más un lugar común que una realidad.
También
lo es que, en general, una obra crepuscular aun no siendo pesimista (algunos
piensan que sí, otros…
Comentarios