Tras un lapso de nueve años ha
vuelto al Teatro Real para inaugurar su temporada la coproducción británica,
noruega y española del Otello
verdiano firmada por el estadounidense David Alden, de lóbrega iluminación y
bélica ambientación en casacas y uniformes del ejército, con su estructura de paredes
grisáceas y desconchadas y el amplio portón central, escenario que le sirve al escenógrafo
Jon Morrell para recrear las cuatro ubicaciones: el puerto chipriota, una
cámara aneja al jardín, el salón del castillo y la habitación de Desdemona.
En verdad sigue siendo efectivo
el juego de fogonazos de la primera escena, la de la tormenta, que realiza Alan
Silverman, con el oportuno detalle teatral de la llama que prende Iago mientras
se canta y se baila -con bailarina zíngara incluida, zarandeada por la chulesca
soldadesca- el ‘Fuoco di gioia’.…
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