¿Por qué se presentan tan pocos oratorios de
los siglos XIX y XX en nuestras actuales salas de concierto? ¿Es sólo una
cuestión de presupuesto -siendo siempre el oratorio más caro que el mero
concierto sinfónico-? ¿Por qué entonces se presentan a menudo óperas en versión
de concierto?
Sin duda el oratorio de los dos últimos siglos
se nos antoja más austero que la ópera en concierto. No obstante muchas
son las obras maestras que parecen dormir el sueño de los justos, sin que el
aficionado pueda alcanzar a escucharlas en directo. Ferenc Listz, Charles Gounod o Peter Benoit,
por poner sólo tres magníficos ejemplos, han escritos algunas de sus mejores
páginas bajo esta forma. Y la cosa resulta todavía más chocante si tenemos en
cuenta que alguna que otra misa -sobre todo si es en forma de Requiem- sí sigue
teniendo tirón entre público y…
Comentarios