Uno de los objetivos del veterano Festival Enescu es promocionar la difusión de la música de los compositores rumanos en general y muy especialmente la de George Enescu programando interpretaciones de la mayor calidad posible desde la perspectiva de directores e intérpretes que no tienen estas obras en su repertorio.
Dicho objetivo alcanzó la mayor excelencia en la versión que Paavo Järvi y la Tonhalle-Orchester Zúrich ofrecieron del Preludio de Oedipe, una pieza por la que tengo gran aprecio pues la considero entre lo más exquisito y conseguido del catálogo de Enescu. No es Järvi un director dado a las concesiones y menos aún a las superficialidades, y en esta ocasión cogió el toro por los cuernos, se tomó el Preludio por lo que es, una obra maestra que previamente había trabajado con la Tonhalle-Orchester hasta en sus detalles más…
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