Este excepcional
concierto comenzó con los sombríos acordes para chelos y contrabajos de la Cuarta
sinfonía de Sibelius. Enseguida la orquesta se redujo a proporciones de
cámara para las Deux Sérénades de
Rautavaara y siguió como de cámara en Los
orígenes del arpa de Adès. Después volvió al pleno sinfonismo con la Sexta
de Sibelius que, en contraste con la Cuarta, arranca con preclaros
acordes de violín.
Fue un concierto
excepcional no sólo porque evitó eso de “una composición difícil y otra fácil”.
No hubo necesidad de este tipo de demagogias para atraer a un público que llenó
la sala para degustar un programa inteligentemente ensamblado. Y fue
excepcional por Thomas Adès (Londres, 1971), un compositor de renombre, pero
todavía no apreciado como lo merece por su talento como director de orquesta.
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