La temporada que está llegando a su fin lleva por título -como se estila ahora aunque no
veo la necesidad- ‘Rostros del poder’. El acoplamiento de las dos obras es
raro, pero funciona. Y puestos a indagar de qué ‘rostros del poder’ se pueda
tratar aquí, la única respuesta sensata es ‘el amor’ contemplado, eso sí, desde
dos puntos de vista diferentes. En este caso, al tratarse de trabajos de
pequeño formato y con acompañamiento de piano se ha elegido correctamente la
sala más pequeña del Teatro Nazionale, a pocos metros del Costanzi.
Para la nueva puesta en escena (la obra de Janácek se
ofrecía por primera vez en la Ópera de Roma) el joven director Bernard ha
pensado en un lugar común, dos habitaciones contiguas en un hotel moderno, de
‘diseño’, y con las paredes delgadas que hacen que en un momento el
protagonista de Janácek dé golpes…
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