Tercera parte de la trilogía de Glass sobre personajes
históricos, aquí se había estrenado la primera (Einstein on the Beach, que se dio también en el Palau donde tuve
oportunidad de verla). No conozco la segunda y no lo haré por propia
iniciativa. Esta, con sus tres actos y epílogo, es sin duda, como ópera, mucho
más llevadera que la primera, única vez en mi vida en que, aprovechando las
sugerencias del compositor, salí un rato de la sala, volví y a los diez
minutos, como nada había cambiado, decidí marchar. Sin duda se pueden hacer
óperas ‘minimalistas’, pero para eso prefiero, de lejos, las de John Adams, que
se acercan más a mi seguramente vetusta idea de qué es teatro (musical o no).
Aquí, gracias a una producción de la English National
Opera que se comparte también con la de Los Angeles (menos mal, porque sin duda
es cara), mucho ha…
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