Lo mejor de esta reposición fue la parte musical, pero
limitadamente a algunos intérpretes. La producción de Barrie Kosky, reciente, me decepcionó
profundamente considerando el gran nivel de su versión de La zorrita astuta, vista hace muy poco en el Liceu barcelonés. No
sólo porque decorado y vestuario sean espantosos (en especial la vestimenta de
las mujeres). Y digo decorado porque prácticamente hay uno como si se tratara
de una versión más o menos simbolista de la casa Usher de E.A. Poe o lo que
Manon Lescaut llama, en la ópera de Puccini, ‘landa desolata’.
La supresión de
cualquier personaje mudo en más de un pasaje vuelve forzadas las soluciones (el
cadáver del Comendador, y al final el del protagonista, tienen que resucitar e
irse por su cuenta). Todas las segundas personas del plural del pobre Don
Octavio en el primer acto lo hacen…
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