Antes de comenzar el concierto el primer violín se
refirió, emocionado, en nombre de todos sus compañeros, a Viviana Mologni, la
recientemente fallecida timpanista de la orquesta (que había contribuido a
fundar) con tan sólo 55 años, y con toda justicia le dedicaron las tres
ejecuciones de este concierto…
Al día siguiente, ayer, en que viajaba de regreso, me
llegó la noticia del fallecimiento de una gran amiga argentina a sus 78 (más
joven que yo) con la que mantuve, junto con su marido e hijos, una amistad de
sesenta años. Se dice pronto. Podría haber escrito ella en mi lugar y tal vez
habría sido preferible, pero tuvo otras prioridades. Sabía un rato de todo lo
de música clásica, y además era una competente conocedora de ballet, de modo
que me permitirán ustedes dedicar esta crónica a Ruth Gabriel, que amaba a
Verdi y su Réquiem.
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