Buen concierto ruso el que protagonizaron Katharina Wincor y Alexander Gavrylyuk, dos artistas con criterios que se combinaron muy bien conceptualmente. El pianista, de origen ucraniano, tocó con gran energía, y en su arrolladora forma de abordar el Concierto n.º 1 de Chaikovski se podían escuchar ecos de otra época, pero lejanos y tamizados por una fraseo muy personal, con poco legato pero con las ideas bien organizadas. Se trata de un discurso romántico que mezcla recursos tradicionales, como un abundante pedal que en algunas ocasiones se antojó excesivo por evidente, y una expresividad de un sonido a veces poco sutil —sobre todo en el primer movimiento— pero aprovechado al máximo a la hora de dar variedad. Algunos recursos son más bien momentáneos y no están directamente conectados con un concepto general (ralentizaciones,…
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