A pesar de sus continuas llamadas al acercamiento de nuevos
públicos a nueva música, lo cierto es que, desde que tomó posesión el actual
equipo artístico de la Real Filharmonía de Galicia, el público cada vez viene
menos a los conciertos de abono en el Auditorio. Esta noche fue un buen
ejemplo: en cartel sólo había obras desconocidas, y se registró una entrada
apenas un poco superior a la mitad del aforo. Si después de tres años el
resultado es este fracaso, estaría bien que se replantearan su estrategia.
Aunque la culpa no es enteramente suya. En Santiago hay varias
instituciones de docencia musical de alto nivel, pero a sus alumnos -que gozan
de acceso gratuito- no se les ve el pelo en los conciertos de la Real
Filharmonía, salvo que actúe un solista de relumbrón. También ahí hay algo que
falla, aunque barrunto que en este caso no se…
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