Juntar en un mismo programa dos obras cumbre de la orquestación como son los Cuadros de una exposición de Mussorgski / Ravel y Lontano de György Ligeti es un reto para cualquier director. A la vez que un test de calidad para una Orquestra Sinfónica do Porto Casa da Música sumida en un satisfactorio proceso de recuperación tras la crisis que significó la titularidad de Baldur Brönnimann (2014-2020).
Andrew Gourlay (Jamaica, 1982), director titular de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León entre 2015 y 2020, es un maestro con un sólido conocimiento del gran repertorio sinfónico y una simpatía indisimulada por la música actual, como demostró en su sutil interpretación -estreno en Portugal- de Mary / Transcendence after Trauma (2020/21), el segundo número de Annunciation Tryptich, de Liza Lim (Perth, Australia, 1966). Una bella obra cuya espiritualidad se expresa a través de una moderna reflexión sobre la Anunciación desde la perspectiva religiosa y femenista. Su discurso retórico capta la atención del oyente y se apoya en una espléndida orquestación que Gourlay lució explotando la excelente acústica de la Sala Suggia.
Acústica especialmente propicia para disfrutar de Lontano (1967) de György Ligeti ¡que Gourlay hizo parecer una obra fácil de dirigir! Aparentemente Gourlay se limitó a dejar que el sonido fluyera con naturalidad y gran cortesía con las resonancias. Cuando se trata de una obra maestra absoluta, la mejor opción de un director es 'desaparecer' y otorgar pleno protagonismo al sonido.
Emparedado entre Ligeti y Mussorgski / Ravel, el estreno mundial de La Planète Sauvage de João Carlos Pinto (Braga, Portugal, 1998), Joven Compositor en Residencia de la Casa da Música, comitente de esta obra) no lo tenía nada fácil. Provisto de oficio sobresaliente y un abundante caudal de buenas ideas, Pinto carece todavía de la experiencia y madurez necesarias para 'podar' de elementos sobrantes su Planète Sauvage, lo cual le resta efectividad y enmascara buena parte de sus atractivos. Creo que la obra merece una segunda oportunidad, tras una revisión que tenga presente que 'menos es más'. El público aplaudió generosamente, consciente de que los comienzos siempre son difíciles, como revelaba el nerviosismo de Pinto cuando subió a saludar al escenario.
El concierto finalizó con los popularísimos Cuadros de una exposición de Modest Mussorgski en la no menos popular orquestación de Maurice Ravel (que no es la única, por cierto, pero sí la más deslumbrante). Gourlay intentó presentar una versión personal, que tuvo aciertos y desaciertos. Las primeras 'Promenades' fueron un poco aceleradas, lo que le sacaba naturalidad a lo que debe ser un relajado paseo por una exposición, especialmente en los primeros momentos, cuando aún te estás situando. En la parte de Samuel Goldenberg y Schmuyle Gourlay no creó suficiente contraste entre ambos personajes, quedando un poco soso. Por otra parte, el final, La Gran Puerta de Kiev, fue magnífico, solemne y con algunos guiños a la música tradicional. El mercado de Limoges tuvo animación y unos toques ingenuos muy apropiados. Pero la parte que más disfruté fue la del saxo de El viejo castillo, quizá la mejor planteada por Gourlay.
Poco puedo decir de los aplausos a estos Cuadros de una exposición. En la no tan cercana localidad de Vila-Real se representaba Gli eroi spartani de Antonio Leal Moreira, una importante recuperación histórica de las que le daré cuenta en los próximos días, y tuvimos que abandonar la sala raudamente para emprender viaje, bajo una lluvia y unos atascos que nunca faltan cuando uno tiene prisa.
Desde 1996, informamos con independencia sobre música clásica en español.
Para disfrutar plenamente de nuestros contenidos y servicios, regístrate ahora. Solo lleva un minuto y mejora tu experiencia como lector.
🙌 Registrarse ahora
Comentarios