Francia

Un hermoso joven de 60 años

Francisco Leonarte
‘Notre-Dame de Paris’ de Roland Petit
‘Notre-Dame de Paris’ de Roland Petit © 2025 by Yonathan Kellerman / OnP
París, domingo, 21 de diciembre de 2025.
Théàtre National de l'Opéra de Paris. Salle Bastille. Notre -Dame de Paris, ballet en deux actes et treize tableaux. Música de Maurice Jarre. Coreografía, Roland Petit. Libreto del coreógrafo inspirado en la novela de Victor Hugo. Trajes, Yves Saint-Laurent. Escenografía, René Allio. Luces, Jean-Michel Désiré. Con Francesco Mura (Quasimodo), Sae Eun Park (Esmeralda), Thomas Docquir (Frollo) y Mathieu Contat (Phoebus). Corps de Ballet de l'Opéra National de Paris. Choeurs (grabados). Orchestre de l'Opéra National de Paris. Dirección musical, Jean-François Verdier.
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Notre Dame de Paris (Nuestra Señora de París) es el nombre de la catedral parisina.1 Es también el nombre de una de las más famosas novelas del mundo, escrita por Víctor Hugo2 y adaptada múltiples veces como ópera,3 como obra de teatro, como película, como película de dibujos... y como ballet.

Los autores de este último, creado en 1965 en la Ópera de París, estaban acostumbrados a navegar entre varios mundos. En efecto, si el compositor Maurice Jarre alcanzó la popularidad por sus bandas sonoras (Lawrence de Arabia, Doctor Zivago, etc), no está de más recordar que fue alumno de Honegger, que estudió dirección de orquesta con Charles Munch o que compartió con Boulez la responsabilidad de la música de escena para la compañía de teatro Renaud-Barrault.

En cuanto al coreógrafo, Roland Petit estaba acostumbrado a navegar entre Hollywood (colaborando con Danny Kaye, Fred Astaire, Bing Crosby o Leslie Caron) y las grandes compañías de ballet (desde la Ópera de París hasta la Scala de Milán, el Sadler's Wells o el Royal Ballet), trabajando con grandes nombres de la vanguardia artística como Vasarely, Cocteau, Prévert o César.

Una obra vistosa y emocionante

Resultado de la colaboración artística entre Jarre y Petit fue este Notre Dame de Paris, con los muy vistoso trajes del entonces joven y rompedor Yves Saint-Laurent (que realiza una síntesis personal entre la Edad Media y las influencias pictóricas del siglo XX, Mondrian y compañía), con la escenografía muy inteligente, eficaz y bonita de René Allio (paneles de fondo que se iluminan, plataforma con escaleras que simulan calles, plataformas que se unen y separan con gran facilidad, creando nuevos espacios, …), con las luces muy bien concebidas (con algún efecto óptico de gran eficacia) de Jean-Michel Désiré.

De aquello hace unos 60 años... 

Pues bien, el encanto, el atractivo, la emoción de este ballet siguen intactos. Con lo cual, tal vez no sea tan cierto eso de que es necesario renovar las obras para que puedan atraer al público. Tal vez, al contrario, se trata de serle fieles precisamente para que puedan seguir atrayéndolo.

No quiero imaginar los comentarios que pudo emitir la intelligentsia musical de finales de los sesenta al escuchar la música de Jarre, bastante alejada del estilo post-weberniano que Boulez por aquellos años intentaba imponer a base de lanzar anatemas y de copar los puestos claves en las instituciones estatales.

Cierto, en el caso de Notre Dame de Paris se trata de una música que bien podríamos calificar de epígono de Prokofiev, con algún apunte de Stravinsky, otros de Katchaturian, otros de Hollywood, algo de Copland, una pizca de Varèse... No obstante no se le puede negar un fuerte sentido teatral así como ciertas coqueterías bastante peculiares (ese interludio para panderetas, por ejemplo, o ese cuadro todo a base de percusiones). Música en definitiva que cumple con creces su labor como música de ballet y que no está desprovista de interés.

En cuanto a la coreografía, en efecto transparenta por momentos el carácter vistoso y casi desenfadado de ciertas películas musicales hollywodienses de los años 50, incluso hay elementos tomados del rock como baile. Sin duda Petit conocía también los trabajos de Martha Graham o de Merce Cunningham, así como, por supuesto, el ballet clásico (formó parte del cuerpo de baile de la Ópera de París) y los míticos ballets rusos a través de Serge Lifar. Todas estas influencias están presentes en Notre Dame de Paris, pero también movimientos característicos de Petit, como por ejemplo el uso del talón, el particular uso de las manos o las piernas, y algunos portés que además de ser curiosos están cargados de sentido y emoción, como aquel en que Quasimodo usa el cuerpo inerte de Esmeralda a modo de campana.

‘Notre-Dame de Paris’ de Roland Petit. Música de Maurice Jarre. Dirección musical, Jean-François Verdier. París, Opéra de Paris, diciembre de 2025. © 2025 by Yonathan Kellerman / OnP.‘Notre-Dame de Paris’ de Roland Petit. Música de Maurice Jarre. Dirección musical, Jean-François Verdier. París, Opéra de Paris, diciembre de 2025. © 2025 by Yonathan Kellerman / OnP.

El espectador puede seguir paso a paso las principales peripecias de la novela de Hugo en un trabajo de cuerpo perfectamente inteligible. Los momentos de puro lirismo (como ese hermoso pas de deux entre Esmeralda o Quasimodo) alternan con los momentos espectaculares (ese cuadro de los mendigos rojos, o los momentos corales con el pueblo de París), el humor (con las prostitutas de ubres desmesuradas), eróticos (el trío entre Esmeralda, Phoebus y Frollo, respectivamente amantes y voyeur) o aún terribles (Frollo es tratado con tanta negrura como sutileza en los movimientos).

Lógico pues que este ballet se mantenga en el repertorio internacional, con versiones desde La Scala o el Colón, como me señala una buena amiga española...

Valiosas interpretaciones

La Ópera de París sabe que tiene ahí una baza fuerte de su repertorio. Los movimientos corales están tratados con exactitud (puede haber aquí o allá algún pequeñísimo desajuste, pero en general la coordinación es realmente buena), el ritmo no decae nunca y el cuerpo de baile hace un trabajo más que notable.

Como el apuesto Phoebus pudimos ver a Mathieu Contat. Sus movimientos de galán fueron ejecutados con precisión y elegancia para un papel un tanto insulso, y es que el corazón del público no ha de inclinarse hacia Phoebus, sino hacia Quasimodo. En este sentido Mathieu Contat hace un trabajo tan notable como ingrato: el de encarnar con brío pero sin brillantez a un guaperas que ha de resultar insulso a pesar de todo.

‘Notre-Dame de Paris’ de Roland Petit. Música de Maurice Jarre. Dirección musical, Jean-François Verdier. París, Opéra de Paris, diciembre de 2025. © 2025 by Yonathan Kellerman / OnP.‘Notre-Dame de Paris’ de Roland Petit. Música de Maurice Jarre. Dirección musical, Jean-François Verdier. París, Opéra de Paris, diciembre de 2025. © 2025 by Yonathan Kellerman / OnP.

Buen trabajo también el de Thomas Docquir como el malvado Frollo. En la finura de sus movimientos transparenta el carácter maquiavélico del personaje. En su entrega corporal queda plasmada la pasión que devora al eclesiástico muy a pesar suyo. Elegante.

Sae Eun Park, estrella4 de la Ópera de París, pone delicadeza en su personaje de Esmeralda, transformada no ya en una gitanilla sino en una señorita blanca y frágil como porcelana. Movimientos precisos ejecutados con soltura.

Pero quien brilla a todas luces es Francesco Mura como Quasimodo. Su encarnación no precisa de postizos (apenas un toque de maquillaje en la cara), traduciendo la deformidad física del personaje con una simple disimetría de los brazos y con unos gestos sabiamente desarticulados. Mura pone tanta entrega como naturalidad en ese retrato de paria deforme y despreciado. Y nos emociona.5

La Orquesta de la la Ópera de París, como de costumbre, suena muy bien. Notable trabajo el de los percusionistas. Notable trabajo también el del director, Jean-François Verdier, dando ritmo y frescura.

Tengo la suerte de estar acompañado de una aficionada al ballet detodalavida y de un grupo de adolescentes aficionados a los videoclips modernos pero no al ballet clásico: una y otros salen encantados. El público aplaude a rabiar. Buenas razones para reponer este ballet de Petit-Jarre dentro de unas temporadas...  

Notas

1. O una de las catedrales parisinas, puesto que, en París, Saint Louis des Invalides (más conocida como Los Inválidos) ostenta también el título de catedral castrense.

2. Es digno de ser mencionado que en la época en que Víctor Hugo escribe su novela, se debate si la citada catedral, en precario estado, no debería ser demolida para construir algo más nuevo y más acorde con la época. El enorme éxito de la novela hugoliana eliminará cualquier intento de destruir el edificio medieval y despertará el interés de las autoridades por restaurarlo: restauración de la que se encargarán finalmente Godde, Lassus y el famoso Viollet-Le-Duc.

3. Notemos de paso la valía de Esmeralda, la ópera con libreto de Víctor Hugo y música de la sorprendente Louise Bertin.

4. «Estrella» (étoile) es en efecto el nombre oficial que reciben los situados en la más alta categoría del Ballet de la Ópera Nacional de París.

5. Tras esta interpretación uno se dice que tal vez sería ya hora de que Mura pasase de «primer bailarín» (premier danseur) a «estrella» (étoile).

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