Hace poco, uno de los grandes organizadores de conciertos en Francia, Philippe Maillard, al saber que escribo para mundoclasico.com, me comentó «Pues intente no perderse el concierto de Cantoría en París. Son excelentes». Miré pues el programa del conjunto Cantoría y vi que incluía obras de Durón, Torres, Cererols... obras poco frecuentes, máxime en Francia... Así que anulé lo que tenía el miércoles y me fui de cabeza al concierto que el conjunto Cantoría titulaba «¡A la fiesta!».
El concierto era en la Salle Cortot, una preciosa sala art déco de hormigón armado revestido de maderas nobles (y de ahí una también preciosa sonoridad) edificada por Auguste Perret en 1928. Sala no muy grande pero casi llena (quedaban dos o tres huecos hacia el fondo). Buena entrada para un conjunto (todavía) poco conocido en Francia. Reconocí a algún que otro aficionado que siempre están presentes en los conciertos más interesantes. Entablando conversación con mi vecino de butaca, me susurró que había visto el concierto que Cantoría grabó en el Wigmore Hall de Londres y no se los quería perder en vivo ...
Ya ven ustedes que había expectación...
Salen por fin los intérpretes. Aspecto juvenil («bueno, somos menos jóvenes de lo que parece, el conjunto ya tiene diez años», me confesará después una de las cantantes). Su director, Jorge Losada, trae una sonrisa de oreja a oreja. Se encargará, entre las piezas, de dar algunas explicaciones1 en un francés que a veces parece aprendido fonéticamente y que le gana inmediatamente las simpatías del público.
El programa está constituido por villancicos del siglo XVII español, por tanto de temática religiosa y carácter festivo, oscilando entre lo culto y lo popular. A la vitalidad de este repertorio, bastante particular dentro de los distintos barrocos europeos, corresponde la vitalidad de los intérpretes. A menudo se trata de formas parateatrales, con numerosos pasajes dialogados, que hacen pensar en las formas también parateatrales dentro del repertorio italiano de finales del XVI hasta mediados del XVII, poniendo de relieve a la vez la singularidad del barroco español y sus numerosas conexiones con la península italiana.
Un programa muy bien compuesto que, siendo como decimos de gran coherencia, consigue sin embargo evitar la monotonía, variando los autores, las aproximaciones (hay alguna que otra pieza más lírica que festiva), las combinaciones canoras e instrumentales...
Hay a menudo en las obras y en su interpretación un sentido del humor delicioso, como en Una noche que los reyes, de José de San Juan, o en De repique de campanas, del mismo San Juan, en que el conjunto Cantoría aprovecha para bromear con el público. Y las voces son frescas y sanas.
Lástima que a veces, en busca de un sonido hermoso, pueda perderse la inteligibilidad 2, máxime cuando el resto está ahí, musicalidad, respeto a la partitura y gracejo.
Esta cuestión de la inteligibilidad, por lo general más problemática en las voces agudas que en las graves, suscita otra cuestión concomitante, la de la impostación. ¿Han de tratarse los villancicos del XVII como música culta, con impostación lírica, o más bien como música popular, como lo son los villancicos que todavía cantamos en el siglo XXI? ¿Nos hallamos ante un repertorio culto o ante un repertorio popular? ¿Se trata de un entredós como pudo ser la zarzuela de los siglos XIX y XX en que la impostación natural era casi más frecuente que la impostación lírica? 3 ¿Para quién fueron escritos estos villancicos en el XVII, para la gente del pueblo o para las élites? ¿Cómo se cantaba en el siglo XVII? ¿Era la impostación del siglo XVII como la actual o la actual deriva de un lento proceso internacional en los siglos XVIII y XIX? … Tal vez falten todavía estudios serios al respecto
Desde el punto de vista instrumental, todo son parabienes. Lástima que, dada la relativa escasez de piezas puramente instrumentales en este repertorio, Cantoría recurriese a arreglos: arreglos en los que siempre se acaba notando el siglo XX ó XXI, casi como un tic heredado de conjuntos de música antigua anteriores.
Sea como fuere, saludemos la fineza de vihuelista y tiorbista, la variedad de efectos de percusión, la solidez de viola-gambista, contrabajista, arpista, organista y clavecinista, la bonita fantasía de los adornos de los violines...
Jorge Losada se atribuye un discreto segundo plano, integrado en el coro, sin hacer alharacas ni marcar innecesariamente tiempos. El trabajo de coordinación, de matización, de orientación, ha tenido lugar sin duda en los ensayos, y a un conjunto unido no le es menester alguien que haga ademán de dirigirlos ante el público.
Saludamos en este concierto, por tanto y ante todo, un espléndido trabajo de conjunto en que cada integrante, de indudable valía, sabe poner en común su energía y su buen hacer.
El público, cautivado por la fuerza que emana de la interpretación, cautivado también por un repertorio tan rico como particular, con piezas que bien pudieran ser consideradas como el inicio del nacionalismo español 4, agradece con aplausos entusiastas.
1. Explicaciones complementarias al excelente programa de mano. Los conciertos PhilippeMaillard entregan programas de mano muy bien presentados.
2. ¿Es la inteligibilidad la gran asignatura pendiente de las interpretaciones barrocas españolas ? Cabría preguntarse por qué solistas y conjuntos de toda la península, algunos de gran valía, parecen no otorgarle mayor importancia a esta cuestión.
3. Me remito a las grabaciones de zarzuela por los intérpretes de los años 1910-20-30 difundidas por especialistas como Luis-Alberto González en su cadena La zarzuela en su esplendor.
4. De nuevo Sebastián Durón con su Vaya pues rompiendo el aire, se muestra en este sentido, por su singularidad, como el gran compositor que debiera figurar en todas las antologías de música barroca del mundo.
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