Alemania

¡Feliz 2026! Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Essen

Juan Carlos Tellechea
Guido Mancusi
Guido Mancusi © 2025 by Theater und Philharmonie Essen (TUP)
Essen, jueves, 1 de enero de 2026.
Gran sala auditorio Alfried Krupp de la Filarmónica de Essen. Neujahrskonzert 2026. Concierto de Año Nuevo 2026. Jacques Offenbach, selección de la Suite de Ballet ‘Gaîté Parisienne’, Obertura – nº 1 Allegro brillante – nº 6 Entrée des Brasiliens, nº 10 Valse moderato – nº 11 Entrée des Brasiliens 2, nº 12 Valse con grazia – nº 20 Can-cam, en mi mayor, nº 17 Quadrille, en sol mayor (Can-Can, 2a Escena), nº 18 Polka (Can-Can, 3a escena), nº 19 Allegro moderato, en sol mayor (Can-Can, 4a escena), ‘Offenbachiana’, popurrí de melodías de óperetas de Jacques Offenbach. Antonín Dvořák, selección de Danzas eslavas op 46, nº 1 en do mayor - nº 3 en la bemol mayor - nº 8 en sol menor. Johann Strauss, Obertura de ‘Carnaval en Roma’. Johannes Brahms, selección de Danzas húngaras, nº 1 en sol menor – nº 3 en fa mayor, nº 5 en sol menor - nº 6 en re mayor – nº 21 en mi menor. Josef Strauss, Walzer ‘Sphärenklänge’ op 235, Polka Française ‘Moulinet’ op 57. Guido Mancusi, Walzer ‘Coronawalzer’ (‘Laaangweilig’), Polka ‘Rail Jet Express’ por cortesía de los Ferrocarriles Federales Austríacos (ÖBB). Bises: Johann Strauss, ‘El Danubio azul’; Johann Strauss (padre), ‘Marcha Radetzky’. Orquesta Essener Philharmoniker. Director Guido Mancusi. 100% del aforo.
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El 2026 comenzó con excelente humor y regocijo para la orquesta Essener Philharmoniker bajo la égida del maestro Guido Mancusi, interpretando selecciones de obras de Jacques Offenbach, Antonín Dvorák, Johann Strauss (hijo), Johannes Brahms, Josef Strauss, y del propio Guido Mancusi. Cuerdas sedosas y vientos precisos dieron la ‘magnífica nota’ esta tarde en el espléndido auditorio Alfried Krupp de la Filarmónica de Essen colmado de público.

Fue una brillante idea la del compositor y director nacido en Nápoles, pero afincado en Austria desde su infancia, el confeccionar este variado programa. Guido Mancusi dirigió con elegancia a la orquesta durante las casi tres horas del recital. Él mismo se encargó de presentar los temas con buen talante e interesantes anécdotas a la platea.

Ante las impresionantes ovaciones de los asistentes, puestos espontáneamente de pie en la sala, la orquesta Essener Philharmoniker dirigida por Mancusi entregó finalmente dos bises: El Danubio Azul y la Marcha Radetzky, de Johann Strauss hijo y padre, respectivamente.

Sutil e ingeniosa

¿Y quién mejor que Jacques Offenbach, el rey de la ópera bufa, para garantizar un comienzo de año lleno de júbilo y vitalidad? Gaîté Parisienne (Alegría parisina) es el nombre que el compositor Manuel Rosenthal le dio a esta suite para el Ballet de Montecarlo, en la que incorporó embriagadoras melodías de Offenbach.

Todo aquí es vivaz y chispeante, jovial y elegante. El estreno de Gaîté Parisienne, el 5 de abril de 1938 por los Ballets Russes de Monte-Carlo, en el Grand Théâtre del principado de Mónaco, desataría un incontenible frenesí en el público, y el entusiasmo no ha decaído hasta el día de hoy. Es esta una partitura sutil, ingeniosa y, si cabe, brillante (lo que recuerda que durante 11 años Rosenthal fue el último alumno del maestro orquestador Maurice Ravel).

Clases sociales

Ya sea con el infernal y apasionante ‘Can-Can’ o con la seductora y ondulante ‘Barcarole’, el ‘Mozart de los Campos Elíseos’, como lo bautizara su colega Gioachino Rossini, compuso algunas de las melodías más famosas de la historia de la música, interpretadas esta tarde en un alegre popurrí para recibir al nuevo año.

Representado en un solo acto, el ballet no tiene una narrativa convencional. En cambio, retrata los flirteos amorosos, los animados bailes y el desenfreno de un grupo diverso de personas que frecuentan un elegante café parisino una noche durante el Segundo Imperio (1851-1870). Entre los participantes se encuentran miembros de las más diversas clases sociales.

Los bailes

¿Es Jacques Offenbach el campeón de la ópera fantástica? Este género tan codificado floreció en el siglo XIX, requiriendo, por supuesto, un gran espectáculo, mitos y leyendas, una buena dosis de parodia y locura, y, por último, pero no menos importante, intérpretes capaces de combinar canto y diálogo, algo que no siempre era fácil de lograr.

Los ritmos de baile también marcaron el pulso de los contemporáneos de Offenbach, Brahms y Dvorák: melodías populares transportaron a Hungría y a la República Checa e invitaron esta fría tarde invernal al deleite a los espectadores en la Filarmónica de Essen.

Nada ha cambiado

Dirigida por Guido Mancusi la orquesta Essener Philharmoniker derramó a continuación un puñado de las Danzas eslavas de Antonín Dvořák; una creación musical cautivadora con el toque de un caballero. Johannes Brahms, mentor, colega y amigo de Dvořák decía de él elogiosamente al presentarlo a su editor Simrock de Leipzig:

Ese tipo tiene más ideas que todos nosotros juntos. Cualquiera podría improvisar los temas principales con sus retazos.

La riqueza de los diversos estilos dancísticos, tanto de la patria de Dvořák, Bohemia, como de otros lugares, su ejecución original, sus giros dramáticos tanto en escalas grandiosas como sutiles, y la imaginación melódica, armónica, rítmica e instrumental respaldaban maravillosamente esta afirmación. Simrock le pagó 300 marcos a Dvořák por sus Danzas eslavas, relataba irónicamente Mancusi al público:

En aquel entonces 300 marcos no era mucho dinero. Tanto antaño como hogaño los editores exprimían y exprimen a los jóvenes músicos. Nada ha cambiado. Con la fortuna que hizo, el propietario de Simrock se compró una casa en Fráncfort del Meno.

El vigoroso brío o la elegante gracia de estas Danzas eslavas se desplegaba en el parqué de una sencilla taberna o en un opulento salón de baila ricamente decorado. Todo esto se renegociaba virtuosamente en cada momento.

Brahms

Con una libertad de expresión y una naturalidad verdaderamente cautivadoras, además de una genuina simbiosis entre el director y los músicos de la Filarmónica de Essen, se escucharon en esta velada cinco de las 21 Danzas húngaras de Johannes Brahms.

La deslumbrante interpretación fue clara, cálida, expresiva y equilibrada. No hubo nada forzado en el enfoque, con tacto e ingenio, de Mancusi, sino más bien una versión que conquistó de inmediato al espectador.

Modas

En la segunda mitad del siglo XIX, Hungría estaba de moda en Europa. Brahms también quedaría fascinado por la expresividad exótica de la llamada música gitana y en 1869 se dedicó a componer una primera colección de danzas húngaras, a la que siguió con otras colecciones hasta 1880.

El entusiasmo que Brahms mantuvo durante toda su vida por la música húngara surgió de su relación con el violinista Eduard Remény. En 1853, emprendieron una gira conjunta de conciertos, que incluyó Canciones húngaras en su programa.

Arte popular

Sin embargo, como Brahms escribiría a su editor Simrock en 1872:

(…) lo que se ha tocado durante tanto tiempo y con tanta intensidad resulta incómodo de plasmar.

Por lo tanto, la composición de las 21 Danzas Húngaras para Piano a Cuatro Manos probablemente data de una época bastante tardía. Como suele ocurrir con Brahms, la génesis precisa de la obra permanece envuelta en el misterio. Los dos primeros volúmenes se publicaron en 1869, y los volúmenes tres y cuatro en 1880.

Estas canciones y melodías, sin embargo, no son música folclórica auténtica y original, sino música culta de inspiración folclórica. El objetivo de Brahms era adaptarlas al lenguaje formal del clasicismo alemán sin menoscabar su esencia. Conservan elementos típicos: estructura en bloques, frecuentes alternancias entre tempos rápidos y lentos, y entre tonalidades mayores y menores.

Amplia distribución

Con la versión para piano a cuatro manos (transcrita después para orquesta), Brahms seguía la tradición de la música social, funcional y doméstica sofisticada, también para lograr una difusión más amplia: el cliente que compraba las partituras podría simplemente tocar las danzas en casa y así familiarizarse con ellas.

Fueron precisamente los dos primeros volúmenes los que le dieron a conocer entre la clase media culta, que desconocía el nombre de Brahms hasta 1869. Así, las Danzas húngaras también contribuyeron a que sus otras obras, y en consecuencia el compositor Johannes Brahms, alcanzaran tanto éxito.

Johann Strauss (hijo)

Guido Mancusi eligió la Obertura de El carnaval en Roma, una de las operetas menos conocidas de Johann Strauss (hijo) para esta tarde. Mancusi ya había dirigido la extraordinaria puesta en escena del Aalto-Musiktheater de Essen el pasado octubre en cooperación con el Theater an der Wien de la capital austríaca, donde fue estrenada en 1873 bajo la dirección del propio compositor.

Esta música de Johann Strauss no alcanza la altura de El murciélago, compuesta un año después, ni de El barón gitano (1885), pero no es menos impresionante que Una noche en Venecia (1883). Las emociones de los personajes, el ánimo de los conjuntos y los grandes coros se capturan a la perfección con un rico sentido de colorido local. Además, esta música, que evoca el espíritu de las óperas cómicas de Gaetano Donizetti y ofrece abundante bel canto en sus escenas líricas, proporciona magníficos números vocales para los solistas. Guido Mancusi dirigió en esta velada a la Filarmónica de Essen, tal como lo hizo el 29 de marzo del año pasado, enfatizando la alegre ligereza de la partitura con una interpretación vivaz y enérgica de la orquesta.

Josef Strauss

Pero Mancusi declaró ante la platea ser un ferviente admirador de Josef Strauss, hermano mayor de Johann Strauss (hijo). Matemático, ingeniero, inventor de las primeras máquinas barredoras de limpieza urbana, el Dr Josef Strauss se dedicaba también, por deseo expreso de su madre, a componer, dirigir y tocar música, así como a encargarse de la gestión artística de la orquesta de los Strauss que desatendían los dos más vagos de la familia, Johann y Eduard.

De Josef Strauss la orquesta Filarmónica de Essen tocó el refinado vals Sonidos esféricos y la singular Polka Française Moulinet op 57, inspirada mientras Josef Strauss trabajaba en la obra de un vertedero hidráulico en el río Triesting, que atraviesa la localidad de Trumau, en la Baja Austria, con el inusual golpeteo de tazas de café de cerámica en la percusión.

Vals del coronavirus

Por último el director intentó esbozar una genealogía del vals vienés...

(…) Joseph Lanner, Johann Strauss (padre) y sus hijos Josef, Johann y Eduard Strauss, Carl Michael Ziehrer, Franz Lehár, Robert Stolz...y después vengo yo,

afirmó sin rubor, entre risas y estruendosos aplausos del público.

Contaba Mancusi que en 2020, durante la pandemia y aburrido a más no poder, se le ocurrió componer un vals, que transmitiera de algún modo ese lánguido estado de ánimo. Y así creó este vals Coronawalzer, que subtituló ‘Laaangweilig’ (abuuurridísimo), estrenado esta tarde en Alemania, y que suena muy bien, con sus bruscos cambios de tempo, como la ocurrente banda sonora de una hilarante comedia cinematográfica.

El tren Expreso

No menos gráfica es la polca Rail Jet Express que compuso Mancusi por encargo de los Ferrocarriles Federales de Austria (ÖBB) en uno de sus viajes en tren desde Budapest a Salzburgo. Echando mano a todos los elementos sonoros y de percusión (incluido el eolífono) hace auditivamente más genuina la travesía. Este trayecto lo frecuenta bastante Mancusi, principal director invitado de la Dohnányi Symphonie Orchester de Budafok (el 22º distrito de Budapest). Su interpretación esta tarde fue autorizada por cortesía de la compañía estatal ÖBB.

Más allá de ello, Guido Mancusi es un viajero impenitente. Dos días después de este sensacional concierto con la Orquesta Filarmónica de Essen, emprendería una gira de dos semanas por los países escandinavos al frente de la Orquesta del Palacio de Schönbrunn de Viena.

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