Francia

Navidad en Estrasburgo

Juan Carlos Tellechea
Tapices navideños de la Catedral de Estrasburgo
Tapices navideños de la Catedral de Estrasburgo © 2024 by Passion Cathédrale Strasbourg
Estrasburgo, miércoles, 24 de diciembre de 2025.
Catedral de Notre-Dame de Estrasburgo. Veillée Musicale (Velada musical). Olivier de La Brosse, Vienne la Rosée. Charles Wesley, “Hark The Herald Angel Sing”; Jacques Berthier, “Ô Viens, Jesus”. Martín Lutero, “Vom Himmel Hoch”. Joseph Gélineau, “Aujourd’hui le Roi des Cieux”. Coro de la Catedral de Notre-Dame de Estrasburgo, dirigido por Rémi Studer. Órgano del coro Guillaume Nussbaum. Gran órgano Pascal Reber. Canto: Nathan Laliron. 100% del aforo.
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En Navidad, tanto la capital europea de Estrasburgo como los pintorescos pueblos de su entorno, con sus casas de entramado de madera, están primorosamente decorados. Algo similar ocurre también durante la Semana Santa. El primer árbol navideño de que se tenga memoria en el mundo se montó en la catedral de Notre-Dame de Estrasburgo en 1539.

El pasado 24 de diciembre miles de fieles se apiñaron en su recinto para oír la misa de Nochebuena (misa del gallo), oficiada por el arzobispo Pascal Delanoy, junto al belén de 18 metros de largo situado en la nave sur, que representa el nacimiento de Jesús de Nazareth, predicador y líder religioso judío, figura central del cristianismo.

Sin estrés

En estas fechas y desde el mortal atentado yihadista de 2018, fuerzas policiales y combinadas del ejército francés vigilan y controlan estrictamente el centro de la ciudad y el ingreso al templo. Todo transcurrió en perfecto orden, sin incidentes, con la amabilidad y el buen humor proverbiales de los alsacianos.

Medidas de seguridad en el mercadillo navideño de Estrasburgo. © 2025 by AFP / Sebastien Bozon.Medidas de seguridad en el mercadillo navideño de Estrasburgo. © 2025 by AFP / Sebastien Bozon.

A diferencia de otras grandes ciudades francesas como París y Marsella (en la Costa Azul), Estrasburgo no estresa ni agobia; al contrario, envuelve a sus visitantes con su encanto distendido y más aún en estas fiestas tradicionales.

Velada musical

Sabedores de que los asistentes provienen de todos los rincones del planeta y de que profesan diversas confesiones, el Coro de la Catedral de Notre-Dame de Estrasburgo, dirigido por Rémi Studer, el órgano del coro (Guillaume Nussbaum), el gran órgano (Pascal Reber) y el cantor Nathan Laliron precedieron la solemne ceremonia litúrgica con una extraordinaria velada musical en este recinto de espectacular acústica.

El programa de este refinado concierto, muy bien confeccionado e interpretado con elegancia, energía, precisión y diafanidad, incluyó el himno de Adviento Vienne la Rosée, del religioso dominico Olivier de La Brosse; Hark the Herald Angel Sing del anglicano y confundador del movimiento metodista Charles Wesley.

Así como Ô Viens, Jesus, del compositor y organista Jacques Berthier, vinculado a la comunidad ecuménica de Taizé; el villancico en alemán Vom Himmel Hoch del reformador protestante Martín Lutero; y Aujourd’hui le Roi des Cieux, con letra en francés del jesuita y partidario del ecumenismo Joseph Gelineau, sobre la melodía del antiguo cántico navideño inglés The first nowell.

Órgano principal

El compositor e improvisador Pascal Reber ofreció brillantes piezas al órgano (Alfred Kern, Estrasburgo, 1981). En la velada musical: La vierge et l’enfant de Olivier Messiaen, “Pastorale“ (de Sonate d’intavolatura per organo e cimbalo) de Domenico Zipoli, “Noël étranger“ (VIII Nouveau Livre de Noëls op 2) de Louis-Claude Daquin, y finalmente la majestuosa “Carillon de Longpont“ IX Livre 2 de Vingt-quatre pièces en style libre, op 31, 1913-1914) de Louis Vierne, quien fuera organista titular de la catedral de Notre-Dame de París.

Y en la misa: (preludio al oficio religioso) Improvisation de Pascal Reber; (ofertorio) Fantasía y fuga en si bemol mayor, op 18 nº 6, la pieza más célebre de Alexandre-Pierre-François Boëly; (comunión) “Berceuse” (de Pièces en style libre op 31) de Louis Vierne; (despedida) Preludio y fuga en si mayor (dedicado a L. Vierne) de Marcel Dupré.

Vestida de gala

Cada año, durante el Adviento, la decoración a derecha e izquierda de la nave central de la catedral de Notre-Dame de Estrasburgo se completa con 14 preciosos tapices de gran formato del siglo XVII, confeccionados en Bruselas y en París (primero por orden de Luis XIII y su ministro principal, el cardenal Richelieu, más tarde por Luis XIV), que relatan la biografía de la joven María, madre de Jesús.

Admirarlos es una experiencia verdaderamente única, ya que estos valiosos paños de exquisita artesanía, tejidos con lana y seda sobre una superficie de 350 metros cuadrados, solo pueden salir del almacén una vez al año para adornar la nave central de la catedral gótica hasta la Epifanía.

Secularmente, los pobladores de estos lares, entre el Rin y la cordillera de los Vosgos, han buscado siempre consuelo en la Iglesia, aunque también han estado en conflicto con ella, como se verá más adelante. Así, la accidentada Alsacia se convirtió también en una tierra de capillas y cruces de piedra, donde se realizaban (y realizan) peregrinaciones contra prácticamente todos los males.

Embeleso

La Alsacia rural y urbana embelesan al visitante. Esta tierra, con sus colinas salpicadas de viñedos o de pequeños campos y cubiertas de espalderas de lúpulo, revela sus tesoros con reticencia. Ni que decir tiene que la excelente gastronomía local es de una creatividad impresionante..

Sala del Restaurante Au Crocodrile de Estrasburgo. © 2025 by Au Crocodrile.Sala del Restaurante Au Crocodrile de Estrasburgo. © 2025 by Au Crocodrile.

Uno de sus santuarios en Estrasburgo es Au Crocodile, un refinado y varias veces galardonado restaurante cuya emblemática historia comienza en 1801. El actual chef Romain Brillat y su imaginativo equipo dominan el arte moderno sin perder de vista el clasicismo en la cocina. Y la experimentada directora, Louise-Anne Ruhlmann, convierte este acontecimiento en un hecho feliz para sus comensales.

El peculiar nombre de la ilustre casa deriva del cocodrilo del Nilo que trajera disecado como recuerdo el propietario original, un capitán de apellido Ackermann, natural de esta ciudad, que había acompañado a Napoleón Bonaparte en su campaña de Egipto y Siria (1798-1801). El reptil embalsamado de tres metros de largo se conserva hasta hoy en una de sus vitrinas.

Declaración de amor

En los fríos meses del invierno (seco y muy saludable) florecen en las alturas las anémonas, así como los últimos narcisos y violetas.Ya sean las castañas al fuego, desde el otoño, el aroma agridulce de un queso Munster fresco con flores de saúco o el jugoso olor a levadura de un Gugelhupf aún caliente: Alsacia siempre seduce a través del olfato y el paladar. Comer y beber es aquí un arte de buen vivir y una expresión de convivencia humana. Describirlos es una declaración de amor.

Al hacerlo con una sólida base histórica, destacan las particularidades de la región, incluyendo la ironía de esta tierra, de naturaleza única y dual. Alsacia, a caballo entre Francia y Alemania, crea un modelo para una Europa pacífica y unificada. Tomi Ungerer, el gran artista alsaciano, expresaba más de una vez su deseo de que los alsacianos se convirtieran en puentes entre Europa, en el entendimiento entre personas de diferentes nacionalidades, culturas y religiones. Así son vistos y percibidos por el visitante.

Ruta del vino

El vino espumoso es aquí el “Cremant d'Alsace“, del cual se producen numerosas variedades, a cual más exquisita. Muchos franceses y alemanes han olvidado que la sede del reino merovingio se encontraba en Marilisium, hoy Marlenheim, puerta de entrada a la ruta de 170 kilómetros de los finos vinos de Alsacia. Y es que de aquel palacio no queda nada y las excavaciones se realizaron hace mucho tiempo. La autopista N4 cerca de Marlenheim era la antigua “ruta real” de los merovingios y, más tarde, la carretera imperial de los Hohenstaufen, que residían en Haguenau.

A finales del siglo XIX, el investigador Konrad Plath hizo un sensacional descubrimiento a orillas del Mossig, junto al pueblecito de Kirchheim: desenterró los cimientos de un edificio de 105 metros de largo que había sido construido sobre unos cimientos romanos. En los restos de las paredes aún se podían ver frescos. En el año 589, Childeberto II, lejano sucesor de Arbogasto de Estrasburgo, del legenario Faramundo, y del no menos mítico Meroveo, quien dio nombre la dinastía, construyó este palacio sobre un castrum romano.

Relaciones con la Iglesia

Cuentan los cronistas de Estrasburgo que hasta hace unos 70 años perduraban aquí algunas costumbres y creencias celtas, como la de su Año Nuevo, según las cuales los brotes de la primavera se preparan para el invierno; el nuevo comienzo y el nacimiento se gestan por la noche, con la muerte.

Los niños tallaban nabos (como hoy ocurre con las calabazas para “Halloween“, en la víspera de Todos los Santos). Con las caras puestas sobre palos e iluminadas, recorrían los pueblos y colocaban las máscaras de fantasmas en las ventanas de los ancianos y los enfermos como protección y acompañamiento en su viaje al otro mundo.

Modestia

Debido a que a la Iglesia le parecía brutal e inhumana, la costumbre alsaciana fue abolida. A través de Estados Unidos, la tradición irlandesa y de antiguas regiones celtas, está regresando desde hace unos años. Cuando eran niños, los abuelos alsacianos de quienes hoy critican las “tonterías norteamericanas” recitaban coplas para los muertos en las puertas al día siguiente de la noche del 31 de octubre. El enfoque festivo y lúdico de la muerte como una oportunidad para un nuevo comienzo es imposible de erradicar de la naturaleza humana.

Los guerreros celtas con sus magníficas tumbas alrededor de Wintershouse (30 kilómetros al noroeste de Estrasburgo) o la nobilitas romana con sus villas en la carretera militar de Estrasburgo a Saverne (a 53 kilómetros al noroeste) vivían de forma relativamente modesta en comparación con los merovingios, cuyos restos encuentran cada vez con más frecuencia los arqueólogos y los constructores de carreteras. Los historiadores relatan que el rey Dagoberto I recorría estos caminos en carros tirados por bueyes, bebía el vino local y cazaba jabalíes y ciervos en sus bosques.

Platos típicos

En la hermosa localidad de Ribeauvillé, 65 kilómetros al suroeste de Estrasburgo, sobre la Ruta del Vino de Alsacia, el público hace cola ante una antigua panadería medieval. Aquí se hornea un apetitoso pan de centeno que denominan “Viking“, quizá en recuerdo a las otrora frecuentes andanzas de los normandos, y la “Flammekuchen“ alsaciana.

Medio pueblo, turistas incluidos, se sientan en la Taberna de los Templarios de al lado para comer estas Tartes flambées, acompañadas con un buen vino o cerveza local, o salchichas con chucrut. Aquí también sirven patatas asadas (con cebolla y ajo) a la alsaciana, maduradas a fuego lento y sin grasa en cacerola de hierro, otro plato típico y sencillo, pero inolvidable.

Cosechar a tiempo

La Ruta del Vino también ofrece una visión del auténtico carácter de la región. Serpentea por pintorescos pueblos y entre viñas en flor. El vino alsaciano ha cambiado mucho después de todos aquellos años agonizantes en los que los vinos locales luchaban por el reconocimiento, priorizando con demasiada frecuencia la cantidad sobre la calidad.

Pero los jóvenes vinicultores de hoy, con amplia experiencia, parecen aprovechar ahora las ventajas de su terruño, evitando los errores de sus abuelos, dejando de añadir azúcar y cosechando cuando las uvas están realmente maduras, no según el calendario.

Todos los Crémant locales son tan buenos como el champán en cuanto a efervescencia, frescura y profundidad; los Riesling, de primera clase con su toque seco (mineral).

Historia

Relatan asimismo los cronistas sobre las tribulaciones antaño de los pueblos de Uhlwiller y Niederaltdorf. La famosa abadía cisterciense de Neubourg, que se erigía cerca de Dauendorf mucho antes de que se construyera el majestuoso portal del siglo XVIII, estaba irremediablemente endeudada. El alcalde de Hagenau concedió generosamente a los monjes sus propiedades en los pueblos mencionados.

La abadía se quedó con todo. Durante sesenta años se agravó la disputa entre el monasterio y la población. Cuando los campesinos empobrecidos llevaron su ganado a los antiguos pastos comunales, la Iglesia amenazó con sanciones. Los campesinos hambrientos estaban hartos. Acecharon al abad durante su paseo por el “Herrewald” y lo asesinaron colectivamente.

Castigo

Los asesinos fueron condenados a peregrinar a Roma y a Santiago de Compostela, y los cómplices tuvieron que caminar descalzos y con una camisa de pelo (cilicio) alrededor de la catedral de Estrasburgo. Además de todas las contribuciones forzosas, los pueblos tenían que pagar un nuevo tributo anual a la abadía como indemnización por el referido asesinato.

Todos estos pueblos fueron también escenario de la Guerra de los campesinos alemanes entre 1524 y 1526, preludio de la explosiva Revolución Francesa del 14 de julio de 1789.

Castillos

Los castillos de Alsacia y de la vecina región de Lorena, testimonios arquitectónicos no suficientemente estudiados hasta ahora, de épocas pretéritas y violentas hoy romantizadas, son sin embargo el símbolo en la Unión Europea (UE) de que las personas en las regiones fronterizas son las que mejor han aprendido en todos estos conflictivos siglos a convivir pacíficamente.

El tema merecerá un capítulo aparte en una próxima nota. En Alsacia, con su singular integración europea que sentó las bases de la amistad franco-alemana, sus habitantes son un ejemplo particularmente modélico de ello.

Alemania conmemora en 2026 el 150º aniversario del nacimiento de Konrad Adenauer (5 de enero de 1876), el primer canciller federal después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y uno de los padres fundadores de la UE, así como, junto con el presidente francés Charles de Gaulle, impulsor y gestor de la reconciliación entre Francia y Alemania en 1963.

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