Alemania

Múnich y Viena hermanadas

Josep Mª. Rota
Andreas Kowalewitz
Andreas Kowalewitz © 2026 by Andreas Kowalewitz
Múnich, viernes, 2 de enero de 2026.
Prinzregenten-theater. Concierto de Año Nuevo. Friedrich Kuhlau: „Elverhøj“ Ouvertüre op. 100. Josef Strauß: „Gruß an München“ – Polka française op. 90. Eduard Strauß: „Luftig und duftig“ – Polka schnell op. 206. Theo Mackeben: „Münchner G'schichten“. Benjamin Bilse: „Catharina-Quadrille“ op. 24. Josef Strauß: „Jokey“ – Polka schnell op. 278. Elgar: „Three Bavarian Dances“ op. 27. Monti: „Csárdás“ für Solo-Violine und Orchester. Fučik: Winterstürme – Walzer op. 184. Paepke: „Auf der Rodelbahn“; Hellmesberger jun.: „Valse espagnole“ – Intermezzo aus „Die Perle von Iberien“. Johann Strauß: „Leichtes Blut“ – Polka schnell op. 319. Münchner Symphoniker. Andreas Kowalewitz, director. Lleno
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Decía Hans Knappertsbusch que, después de dirigir Parsifal, lo que más le apetecía era Die lustigen Weiber von Windsor de Nicolai. Así, después del éxtasis de la Novena de Beethoven en la Isarphilharmonie, tuve la agradable oportunidad de asistir al Concierto de Año nuevo en el Prinzregententheater; esta vez, con los Münchner Symphoniker. Y con el busto de “Hans el rubio” presidiendo el foyer; al lado del de el otro Hans, su amigo Pfitzner.

El concierto tuvo todo lo que uno podría esperar: valses, cuadrillas y polcas, música alegre, dulces melodías, ritmos pegadizos y, por encima de todo, joie de vivre. Las propinas, previsibles también: El bello Danubio azul de Johann hijo y la Marcha Radetzki de Johann padre. Tampoco faltaron los recursos típicos, como los relinchos de caballo en la polca Jokey y el silbato en el vals Auf der Rodelbahn. Al final, confeti, serpentinas y regocijo general.

Andreas Kowalewitz dirigió con entusiasmo y compartió con el público simpáticos comentarios, en un ambiente festivo. La orquesta estaba formada con tan solo dos contrabajos, tres chelos, etc. y maderas a dos, pero cuatro trompas, tres trombones y nutrida percusión.

Sin embargo, la primera obra del concierto indicó que éste iba a ser diferente, que iría más allá de unas cuantas piezas bailables. Se trataba de la Obertura de Elverhøj (“La colina de los elfos”), la obra de teatro nacional danesa de Johan Ludvig Heiberg, musicada por Friedrich Kuhlau, el alemán que, huyendo de la conscripción gabacha, se afincó en Dinamarca. La obertura es una pieza magnífica, amplia, en forma sonata, una pieza que podrían haber firmado Weber o Lortzing.

El programa ofrecía títulos de inspiración bávara, como la polca francesa de Pepi Strauss Gruß an München (Saludos a Múnich), el vals de Theo Mackeben Münchner G'schichten (Historias muniquesas, de la película Bal paré) y dos de las Three Bavarian Dances (Tres danzas bávaras) de Elgar, visitante habitual de los Alpes bávaros.

Entre las músicas alejadas de Viena y Múnich, las Csárdás de Monti y la Valse espagnole de Hellmesberger hijo. La danza húngara del italiano Vittorio Monti se ofreció en el arreglo para violín y orquesta. La parte solista la interpretó la concertino, que hizo un despliegue de virtuosismo tal que despertó el entusiasmo del público. En el Vals español de Hellmesberger hijo, también Pepi, por cierto, que es el Intermezzo del ballet Die Perle von Iberien (La perla de Iberia) no faltaron pandereta y castañuelas. Del bohemio Julius Fučik se ofreció su conocido vals Winterstürme (Tormentas de invierno), en el que Kowalewitz y sus Sinfónicos muniqueses rubatearon con la mayor gracia.

Como anuncian las polcas rápidas de Johann II y Edi Leichtes Blut y Luftig und duftig, el concierto fue de “Sangre ligera”, “Liviano y fragante”.

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