European Musical Heritage and Migration

Prima la musica, poi le cinema

Maruxa Baliñas
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Aunque mi comunicación se plantea como una aproximación general a las relaciones entre cine mudo y música en el área hispana, me voy a centrar en algunos aspectos concretos, que he agrupado con el nombre genérico de 'Prima la musica, poi le cinema', parafraseando la famosa ópera breve de Salieri, que se estrenó haciendo juego con 'El empresario teatral' de Mozart. Porque ese es el principal aspecto en el que me centré a la hora de elaborar esta comunicación. Desde el comienzo dejé aparte el tema concreto del acompañamiento musical del cine mudo, que está bastante estudiado -sobre todo desde el punto de vista de los especialistas en cine- para centrarme en todas aquellas situaciones donde es el cine el que se supedita a la imagen, y no a la inversa: o sea, donde prima la música y el cine está a su servicio.

Bibliografía

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Notas

En el Teatro Principal de Santiago, en 1915, tenía piano, las cinco cuerdas, 2 flautas, 2 oboes, 2 clarinetes y, según las ocasiones, 2 trombones y 2 trompetas, o bien 2 trompas y 2 fagots.

Hay un texto autobiográfico de Harpo Marx donde narra -con mucha gracia- las funciones del pianista acompañante (tranquilizar bebés mamando, etc.)

Eduardo Alaminos en su estudio sobre los cine madrileños dice que: "A grandes rasgos se puede afirmar que las primeras salas o salones, alquilados ex profeso, dejaron paso a otro tipo de locales, como cafés, music-halls o teatros, estos últimos, por temor a la competencia y en un intento de asimilación, incluyeron el cinematógrafo como fin de fiesta. Al mismo tiempo o casi a renglón seguido de esta situación, surgieron los primeros barracones, de madera y desmontables, en general de construcción muy precaria, que fueron ampliamente utilizados en las ferias y fiestas de toda España, entre finales de 1896 y 1898, fecha por otra parte muy significativa que marca su paulatina sustitución por los llamados barracones fijos, "locales de relativo lujo" (…) a cuyo estudio se dedica este artículo."

Los grandes teatros que habían surgido en todas las ciudades "de provincias" a lo largo del XIX, con la finalidad de presentar obras dramáticas, zarzuelas y especialmente pequeñas temporadas de ópera, se resistieron mucho a la introducción del cuplé, el cine y las sesiones de variedades en general. A veces incluso estaban dirigidas por patronatos o asociaciones que prohibían este tipo de espectáculos. Sin embargo a partir de 1910 la mayoría de estos teatros, por no decir todos, tuvieron que ceder en sus pretensiones y dar al público lo que demandaba. Es el caso de Santiago y el Teatro Principal, arrendado desde 1909 a Isaac Fraga que lo dedicó mayoritariamente al cine y las variedades, dándose la paradoja de que el Salón Teatro, inaugurado enfrente por la Casa Social Católica específicamente para oponerse al Teatro Principal, y dirigido desde los años veinte por Acción Católica, también acabó tras múltiples problemas económicos por presentar la misma programación de cine y variedades que el Principal, pero en peor. Algo parecido sucedió en Valladolid con el Teatro Calderón de la Barca, que resistió hasta 1916, año en que la Junta del Teatro, tras varias temporadas en que difícilmente arrendaba el Teatro, reconoció que el púlico sólo va al cine y a las variettés, por lo que se deja al empresario en libertad de introducir esos espectáculos. El Teatro Campoamor de Oviedo no aguantó tanto. Económicamente funcionaba aun peor que otros de estos grandes teatros. En la primera década del XX ni siquiera consiguió celebrar todos los años su famosa temporada de ópera coincidiendo con las fiestas de San Mateo (21 de septiembre). Según un artículo publicado en "El Correo de Asturias" el 10-VI-1913: [...] Nuestro hermoso teatro Campoamor continúa cerrado á cal y canto, lo que resulta una verdadera lástima. Los espectáculos de Oviedo, quedan hoy reducidos á cine por derecha y por izquierda y á tal ó cual cupletista ó bailarina que nos ofrezca algún café. ¿Qué ocurre para que así vayan las cosas? ¿Es que aquí no podemos sostener ni una mala compañía?

En 1914 el Ayuntamiento de Oviedo, a pesar de las quejas de las "fuerzas vivas" de la ciudad entrega la gestión a Sanchís, quien lo dedica a cine y variedades, aunque mantenga la zarzuela y las obras teatrales, pero en menor cantidad.

Libreto: Enrique Prieto y Andrés Ruesga; música: Chueca

Libreto: Francisco de Torres y Carlos Cruselles, música: Amadeo Vives y Jerónimo Giménez

Letra y música de Ramón López-Montenegro

Libreto: Guillermo Perrín y Miguel de Palacios, música: Jerónimo Giménez

Hay un estudio apasionante, hecho ya hacia 1910, que se centra en lo que buscan las mujeres, que son el público mayoritario en bastantes de las sesiones, en el cinematógrafo (principalmente evasión y liberación)

Público analfabeto que no podía seguir los carteles que explicaban la acción (como si no hubiera narradores o explicadores de películas), deseo de aprovechar las ventajas del género que le sirve de antecesor (considerando que el cine es continuación de la zarzuela, algo muy discutible), posibilidad de superar en realismo a las zarzuelas representadas gracias a los rodajes en exteriores, los extras, el espacio natural, etc. Julio Arce dice de estas adaptaciones de zarzuelas que "como es sabido muchos de los libretos suelen ser muy pobres de contenido argumental y carentes de acción dinámica por lo que su adaptación cinematográfica sólo tenía el interés de recordar un éxito teatral."

Carmen de Burgos, "Colombine". Confidencias de artistas, Madrid, Sociedad Española de Librería, 1917(?), pag. 193-194

Aparentemente se trataba de un fonógrafo acoplado a una cámara tomavistas, de tal forma que imagen y sonido eran recogidos simultáneamente. A este sistema, desarrollado en España a partir de otras patentes francesas, se le llamó 'Cronomascop'.

El inventor José Salvador Ropero (?-1914) creó un interesante sistema de combinación de cine y fonógrafo, el cinefono, antecedente del Vitaphone norteamericano, que no se llegó a extender por falta de capital.

Incluso la decoración de los escenarios reproducía con enorme fidelidad el lugar de la escena. El sistema se basaba en una sincronización muy cuidada y con varios fonógrafos distintos funcionando al mismo tiempo para garantizar la continuidad de la música y su volúmen sonoro.

Revista "El Cine", año IV nº 169 (10.04.1915)

Otro experimento es el Phonofilm de Lee de Forest con el que se filmó "En confesionario" (1929) donde Ramper hace uno de sus famosos monólogos.

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