Con la sala Argenta casi llena y ante un público atento y expectante, cantó Angela Gheorghiu en el santanderino Palacio de Festivales, abriendo de la mejor manera el ciclo de recitales del LIII F.I.S. que la categoría de la intérprete convertía en un espectáculo lírico de alto nivel.
Apoyada esta vez en el soporte instrumental de la Orquesta del Helikon Opera Theatre, con Vladimir Ponkin a la batuta, la soprano rumana cantó con la actitud y la seguridad técnica que la caracterizan, amén de sus tics glamourosos que su personalidad cultiva. El programa, gustoso y bien estructurado dio comienzo con la inevitable “O mio babbino caro” del Gianni Schicchi de Puccini, que con un tempo excesivamente lento, daba paso al que quizás fue el momento más feliz de la velada, el aria de La Rondine, “Chìl bel sogno di Doretta”, donde descubrimos a la…
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