"A veces se puede sentir cómo la ansiedad crece en la sala hasta el momento en que Grigori Sokolov aparece finalmente ante el público. Uno se lo puede imaginar dando vueltas en su camerino, con la partitura entre las manos, esforzándose hasta el último momento por descubrir la frase más íntima de esa partitura y casi olvidando que tiene que tocar delante de un público que suspira por oírle. Su concentración es total. Finalmente aparece en escena con paso largo y firme, dirigiéndose decididamente hacia el piano. Sin esbozar una sonrisa, sin hacer ningún gesto innecesario, se sienta y comienza a tocar y, desde la primera nota, lo que oímos es música en estado puro."
Esta acotación sin firma que incluía el programa de mano, es la mejor descripción posible de la actitud física del gran pianista ruso que visitó la sala Argenta la noche del…
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