Un programa straussiano y wagneriano de lo más conocido y apreciado, a cargo de Rafael Frühbeck de Burgos con la Orquesta Filarmónica de Dresde, sirvió para despedir el ya memorable LIII Festival Internacional de Santander. Con tal afortunada conjunción de elementos, era difícil que no se produjera un resultado considerablemente satisfactorio. Frühbeck esgrimió una batuta ágil e incisiva, diseccionando asombrosamente la compleja textura de las obras seleccionadas, y extrayendo de su orquesta un sonido realmente cautivador. Con él, la orquesta se reveló como un conjunto potente, bien entrenado y engrasado, sólido y equilibrado, con una sección de cuerda de bello sonido y exacto ataque, y con lo mejor, la rica prestación, matizada y brillante, de metales y maderas.La versión de Don Juan fue exaltada y a la vez lírica e intensa,…
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