La situación de la ópera en Málaga, ciudad del paraíso, se ha vuelto, por utilizar palabras amables, calamitosa con ribetes patéticos. Atrás quedaron los años, no tan lejanos, en que se programaban cuatro títulos más uno de opereta y otro de zarzuela. Ahora dos títulos y un recital. Si aquella época tal vez presentaba un panorama de una calidad no demasiado brillante, al menos había de qué hablar. En la actualidad, para lo que hay que decir, mejor sería callar para no herir susceptibilidades, pero lo cierto es que alguien ha de poner los puntos sobre las íes ante tanto papanatismo, ignorancia, incompetencia y complacencia de responsables, público y crítica. Así no se va a ninguna parte, y Málaga bien merece otra cosa.
Cuando hace unos años el barítono Carlos Álvarez, hijo predilecto de la provincia, desembarcó desde su rutilante carrera…
Comentarios