Bajo el absurdo eslogan de ‘¡Qué suerte vivir aquí!’ se publicitaba hace unos años una marca de cerveza de las Islas Canarias. La dinámica del anuncio permitía que cada uno entendiera el mensaje como mejor le viniera en gana. Por ejemplo, cabía la posibilidad de que algunos entendieran que en general es una suerte vivir en Canarias, no en vano y por algún extraño motivo que se me escapa se las llama Islas Afortunadas. Otra posibilidad, y ésta es la que yo entendía, consistía en considerar que la única suerte de vivir en Canarias es la posibilidad de beber esa determinada marca de cerveza, ya que al resto del mundo no llega. Si a uno por su natural no le gusta la cerveza, pues eso: no es ninguna suerte vivir en Canarias.
En la crítica (es una forma de hablar, no se la tomen demasiado al pie de la letra) del primer espectáculo de la…
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