El incidente entre la soprano Cristina Gallardo Domas y la junta directiva de los Amigos Canarios de la Ópera (ACO) de Las Palmas de Gran Canaria vuelve a poner sobre la mesa el problema endémico de la música culta en España: que salvo honrosas excepciones sigue estando en manos de aficionados, unos mejor intencionados que otros. Ya fuimos el pasado mes de febrero testigos de cómo a la ministra de Cultura del Gobierno español le dio por nombrar al crítico musical Antonio Moral para director artístico del Teatro Real. Ahora gracias a ACO podemos apreciar las consecuencias que tiene poner a simples aficionados en puestos de relevancia.
La soprano Cristina Gallardo Domas acusó el pasado miércoles a la junta directiva de los Amigos Canarios de la Ópera (ACO) de “intimidarla” por enviarle un requerimiento notarial para que pasara una revisión…
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