No es fácil para un escenógrafo de ópera ser moderno y original. Sobre las grandes óperas ya está casi todo dicho y hecho, se han analizado casi todos los aspectos de las partituras y los libretos, y cada vez más es necesario recurrir a la exageración o al escándalo gratuito para conseguir atraer a un espectador que, por un lado, está harto de montajes extravagantes y por otro tiene una cultura televisiva de bombardeo de imágenes que le hace rechazar una ópera que sólo se base en el aspecto musical de la partitura.
En estas circunstancias, las óperas barrocas se están convirtiendo en una fuente de oportunidades escénicas. El público no conoce las obras más que de nombre y por tanto raramente puede hacer comparaciones con otros montajes o versiones; musicalmente tienen gran interés, sobre todo cuando se le hacen cortes importantes en las…
Comentarios