No puede decirse que la esperada visita del que proclaman ser uno de los mejores bajos actuales haya despertado el entusiasmo, aunque en esta ocasión, la responsabilidad la tendrán que compartir también la orquesta y la carencia de un director más idóneo. Si a la ‘Obertura’ de I Vespri siciliani le faltó chispa y vibración, la ejecución de la Obertura de La forza del destino y la ‘Polonesa’ de Eugene Oneguin resultaron decepcionantes. El joven Ottavio Marino no pudo sacar a su orquesta de un estado plano, sin niveles, con una descoordinada sección de viento y una inexpresiva y monótona cuerda. Lo mismo puede decirse de las ‘Danzas de las esclavas persas’ de Jovanchina, donde se echó en falta una tímbrica más neta y mucho mayor empaste entre las distintas secciones orquestales.
Pero en realidad, la noche era de Roberto Scandiuzzi, y en sus…
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